Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Martin Guzman hace 3 años, 5 meses.

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    Moderador

    Yo iba a un colegio privado, donde todos los profesores eran curas, muy estrictos en todo, tanto en las aulas como en los deportes, en las filas y reuniones o en las comidas. A mí siempre me han gustado los deportes en general, pero reconozco que en ese tiempo no los practicaba muy a menudo. Me encanta la natación, la gimnasia, la lucha libre y el voleibol.

    De siempre, que yo recuerde, me he fijado en algunos compañeros de clase, en los muchachos con los que coincidía en los recreos, en el salón de actos o en el comedor. En mi misma clase había varios chicos de mi edad que me gustaban, no sé por qué, eran para mí como si tuvieran un imán, me gustaba mucho mirarlos, sobre todo cuando estábamos en el patio haciendo deportes.

    Mi nombre es Gabriel, en aquella época mi cuerpo no estaba todavía desarrollado por el deporte, así que estaba bastante delgado pero definido, el pelo castaño claro y ojos marrones, mi estatura era 5´11. Uno de los días que llegué tarde a la clase de educación fisica, me pusieron ausencia y me castigaron a quedarme una hora de más en el gimnasio y yo ya estaba pensando en el aburrimiento que me esperaba al estar solo. Cuando llegó la hora me dirigí al gimnasio, al entrar vi que no estaba sólo, ya que habían castigado a dos papi chulos.

    Uno era de mi clase, se llamaba Carlos pero todos lo llamaban por el apellido, Cruz, sin embargo su físico y su cara no iban con su apellido, era más alto que yo y tenía ojos negros intensos con un pelo negro rizo y que le enmarcaba una cara redonda y labios carnosos. Parecía un delincuente. Su físico estaba bien formado para nuestra edad, era delgado, cintura estrecha, pecho marcado y todo en él resultaba proporcionado. Cruz solía hacer bastante deporte, de ahí ese cuerpo que mataba.

    El otro chico era de la clase de al lado, yo le había visto en el patio. Tenía mi altura, su piel era bronceada, como la gente del Boca Chica, sus ojos marrones y la cara como cortada por un hacha de angulosa que era, su cuerpo puro músculo, porque hacía pesas y lucha libre en el Olímpico. Cuando nos vimos los tres en el gimnasio nos reímos porque ya no sería tan aburrido el castigo. Empezamos a jugar con una pelota al baloncesto, al cabo de unos minutos vino el profesor de gimnasia para ver si estábamos allí y nos dijo que cerraría por fuera hasta cumplir el castigo, no fuera que nos fueramos antes.
    Luego de un rato de jugar, empujarnos y quitarnos la pelota, nos detuvimos a descansar. En ese momento nos pusimos a hablar de diferentes cosas, como de los compañeros de clase y amigos. Nos pusimos a mirar en el vestuario por si había alguna revista o algo con que entretenernos. Los tres estábamos vestidos con el uniforme de deportes: un pantalón muy corto azul, y un tshirt tipo franela. Al fin Víctor, que era el muchacho moreno, encontró una revista de hombres musculosos haciendo todo tipo de deportes.

    Viendo aquellas fotos hacíamos comparación con nuestros cuerpos jóvenes. Había una foto que nos llamó la atención, un basquetbolista con la mano derecha en el guebo. Era perfecto, todos los músculos en tensión, las piernas bien separadas, con su pantalón blanco de ollitos, remarcando la hermosura de su virilidad. Nos quedamos malos, por su gran volumen. Hicimos chistes tontos al respecto, pero ninguno alejaba la vista de la foto.

    Cruz se puso de pie haciendo la misma pose de la foto. Nosotros le decíamos que tenía que estar agarrándose el guebo para ver si el marcaba lo mismo que el de la foto. Fuimos a al centro de la cancha y se puso a agarrarse el guebo. Una vez lo hizo no consiguió hacer la misma posición que tenía el basquebolista. Lo ayudamos moviendolo y le dijimos que más adelante a lo mejor llegaría a hacerlo. Con el contacto de las manos en el cuerpo de Cruz, yo le había rozado los genitales, y entonces se dio cuenta que se le esteba parando el guebo. Se puso nervioso pero no le dio importancia. Sin embargo empezamos a hablar del tema, empezamos hablando del cuerpo en general y decidimos tomarnos las medidas. Por supuesto Víctor era el más corpulento, seguido por Cruz y yo en último lugar.

    Con tanto roce yo tenía el guebo paraisimo, pero no fui el único. Cuando nos dimos cuenta Cruz tenía una mano frotando el guebo de Víctor y la otra pellizcándome una tetilla. Nadie decía nada, sólo se oían los quejidos de placer de Víctor. Viendo lo bien que lo estaba pasando Víctor decidí hacer lo mismo con Cruz. No lo podía creer, siempre disfrutaba del sexo con hombres en el video-chat por Skype o Messenger, pero nunca pensé que algún día tuviese contacto real con otros hombres. Le puse la mano en la cara y se la acaricié, pasándola con suavidad por encima de sus ojos, su nariz y sus labios bien carnosos, al llegar a ese punto se puso mi pulgar en la boca, lamiéndolo y chupándolo. Parecía muy natural todo lo que hacía, con mi otra mano dejé de tocarme y metí mi mano en el interior de sus pantaloncillos para tocar su guebo, que placer. Mientras yo masturbaba a Cruz, Víctor me sacó el guebo y los granos por encima del pantalón, lo que me produjo un inmenso placer al sentir su mano tocando y acariciándolo todo.

    Sin decirnos nada, solo mirándonos, nos quitamos toda la ropa. Yo me puse enfrente de Víctor y Cruz se puso detrás. Empecé a chuparle las tetillas, dándole mordisquitos, mientras él me comía la oreja dándome tanto guto como yo a él, al tiempo que me pajiaba. Por su parte, Cruz con una mano lo pajiaba y con la otra le masajeaba la rajita del culo mientras él se restregaba por ese duro culito. Me agaché delante del guebo de Víctor y empecé a pasarle la lengua, nunca lo había hecho, pero me lo quería comer, ya que era un grande y hermoso guebo, de unas 8 pulgadas y bien gordo. Los gemidos que daban los dos eran porque lo estaban pasando bien.

    Tuve un momento de duda y paré, apartándome de ellos y levantándome, solo porque pensé cuando mi madre me decía que la homosexualidad es pecado. Víctor se puso rígido y Cruz, se percató que pasaba algo. Víctor me preguntó si me pasaba algo y yo le dije que si querían estar a solas que los dejaba. Cruz se acercó a mí pidiendo disculpas porque me había dejado de lado y no quería que me fuera. Así lo dijo Víctor también, yo les dije, no es por eso, pero no importa.

    Entonces empezamos de nuevo, cambiamos de posiciones, como si fuéramos un tren, yo en medio, delante mío dándome la espalda Cruz y detrás de mí Víctor. Yo sobaba todo el cuerpo de Cruz, desde el cuello, bajando por su barriga, acercando su cintura hacia mí y tocándole su duro guebo y sus granos, que parecían a punto de venirse. Por su parte, Víctor me voltio la cara para darme un beso en la boca. Era tan intenso que yo no podía respirar, me fue metiendo la lengua andando todos los rincones de mi boca. Al principio me había sorprendido, pero al momento reaccioné haciéndole lo mismo a él. Sus dos manos masajeaban mi trasero, con mucha suavidad, pero sus caricias iban avanzando hacia el centro de mi ano. Me estaba dando tanto placer que me quería comer vivo.

    Paramos un momento para tomar un respiro, ya que en varias ocasiones estuvimos a punto de venirnos. Así nos acercamos a la colchoneta del GYM y nos acostamos en ella, nos miramos los tres y empezamos a darnos unos ricos besos en la boca, como lo habíamos hecho antes Víctor y yo, pero esta vez tipo florcita. Fue de locura, si uno no tenía experiencia, la cogía rápidamente y se ponía a la altura de los otros. Al poco tiempo hicimos como un círculo en la colchoneta. Cada uno se comía y chupaba con con pila de guto el guebo y los granos que tenía delante.

    Noté como Cruz me mamaba el culo al tiempo que me separaba las nalgas, mi culo parecía que tenía vida propia, se dilataba y se contraía, al igual que mi guebo. Notando esta sensación, probé hacer lo mismo a Víctor, que lo tenía delante de mí. Que placer sentí al oír el gemido que dio Víctor en cuanto le metí mi lengua dentro de su culo. Miré por encima y vi que él empezaba a hacer lo mismo a Cruz. Yo me empantalone y mojándome un dedo en la boca le fui haciendo un masaje en el culo, que se dilataba por momentos. Primero fue un dedo, con suavidad y poco a poco le introduje dos dedos, dándole masaje circular en el interior, para que dilatara. Al poco empecé a sacarlos y a volver a meterlos mojándolos con mi boca. En ese momento noté un dedo dentro de mí, casi se me saltan las lágrimas de alegría por ya ser mujer (aunque fuera con un dedo) por Cruz, que siempre me había gustado, y ahora más.

    Cambiamos de posición, yo me acosté boca arriba, Cruz se ubicó de rodillas entre mis piernas y Víctor con las rodillas a cada lado de mi cabeza. Yo le chupaba los granos y su hermoso guebo, que casi me ahoga, pero me encantaba. Asimismo él me chupaba mi guebo y Cruz me había levantado un poco el culo y lo succionaba con mucho deleite para mí y supongo que para él también.

    Víctor dejó de mamarmelo y empezó a mamárselo a Cruz, al mismo tiempo me levantaba las piernas. Hubo un momento de silencio, porque todos habíamos parado y nos miramos los tres. Yo aprobé y Víctor le dijo a Cruz que lo hiciera con cuidado y despacio. Íbamos a experimentar algo pecaminoso y prohibido. Víctor fue al vestuario y al momento vino con un pote de jabón para las manos. Abrió el pote y se metio dos dedos en el jabón. Me empezó a meter un dedo y después el otro en mi agujero para que dilatara, asimismo Cruz se puso jabón en su guebo. Se terminaron los dedos, tocaba la hora de la verdad; Cruz acercó su guebazo a la entrada de mi ano y poco a poco se fue introduciendo dentro de mí. Al principio me dolió, él me miraba esperando alguna señal mía. Cuando me dejó de doler yo empujé hacia él para darle a entender que siguiera.

    Víctor no apartaba la mirada de mi y Cruz, eso que veía le gustaba porque empezó a parársele de nuevo. Casi me ahoga al metérmelo en la boca, me llegó hasta el fondo de la garganta. Mientras yo deliraba de placer por la pela de ñema que me estaba dando Cruz, sentía como su ñema entraba y salía del largo prepucio que tiene, le oía susurrarme lo mucho que yo le gustaba y no de ahora, sino de tiempo atrás, me decía que quería que yo fuera su perra y que quería singarme todos los dias.

    Víctor sacó su guebo de mi boca y se ubicó detrás de Cruz, se untó con jabón su guebo y después pasó más jabón por el culito de Cruz para dilatarlo. Así poco a poco le fue metiendo su enorme guebazo, al tiempo que Cruz me lo metía a mí. Cruz, se quejó por el dolor que le produjo el empujón hasta el fondo de su culo que le dio Victor con el guebo. Yo mientras le acariciaba el pecho, la cintura y le ponía los dedos en la boca. Pasado el primer dolor ya no se quejó, sino que acompasaba su mete-saca con el mete-saca de Víctor. De verdad era como estar en el cielo, no podía aguantar más y estaba a punto de vaciarme como un maldito perro. Les avisé y los dos, dijeron que estaban a punto igual que yo, entonces fue lujuria, fogosidad e ímpetu. Todos gemíamos de puro placer y éxtasis. Empezó unas embestidas fuertes como si nos fuera la vida en ello, cuanto más empujaba Víctor en el culo de Cruz, más me la metía éste a mi, pensé que me partían en dos. Minutos después yo me venía como un loco salpicándome hasta la cara. Cruz cogió mi leche con su mano y se la puso en la boca a Víctor, después él hizo lo mismo y al final el resto fue a mi boca. Pensé que no me gustaría pero me equivoqué, me encantó.

    Al momento, casi al mismo tiempo, gritaron Víctor y Cruz. Éste se vino dentro de mí, notando los impulsos de los chorros de leche y él a su vez notó la venida de Víctor en su interior. Agotados nos tiramos en la colchoneta, dándonos caricias y besos.

    De repente oímos ruido y nos vestimos rápido porque podía ser el profesor del castigo. Efectivamente era él, que abría la puerta con la llave. Nos agarró ya vestidos, encima la colchoneta y sudados. Dijo que como habíamos estado haciendo deporte y estábamos sudados, que fuéramos a las duchas y que nos podíamos ir después. Se fue sin darse cuenta de nada. Mejor para nosotros, teníamos tiempo de reponernos.

    Fuimos a las duchas y nos enjabonamos unos a otros, haciendo bromas. Me estaba enjabonando el culo, cuando Víctor me cogió el jabón y siguió el enjabonándome el ano, entonces me di cuenta que estaba con el guebo parado otra vez.

    Pero lo que paso se lo contaré en un próximo relato.

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