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Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Martin Guzman hace 1 mes, 4 semanas.

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    Jefe de claves

    CONVOCATORIA PARA EL PROXIMO EXAMEN DE ADMISION

    Los asistentes retrocedieron y colocaron a José Miguel nuevamente en el centro de la sala. Su cuerpo se volvió a iluminar. José Miguel oyó que los miembros del jurado susurraban entre ellos, parecía que estaban discutiendo. Pasaron varios segundos que a José Miguel le parecieron una eternidad.

    Date la vuelta- dijo la voz con voz de macho dominante. ¿La vuelta? – dudó José Miguel. Sí. Muéstranos el culo.

    Lentamente José Miguel se dio la vuelta mostrando el culo. Se levantó un murmullo de admiración. José Miguel escuchó el sonido de un cuerpo que se levantaba arrastrando una silla. Yo mismo lo voy a medir. – dijo la misma voz. ¡Es Adonis! ¡Viene para acá! – le dijo uno de los asistentes al otro. Ambos se retiraron atemorizados.

    José Miguel pudo sentir como esa presencia imponente se desplazaba hacia él. Pudo sentir el respeto que infundía en los demás. Pudo sentir la seguridad con la que caminaba. Pudo sentir su olor. El olor que emanaba de esa piel. Adonis estaba en el campo de visión de José Miguel y el reflector lo iluminó a él también. Por un segundo se miraron fijamente el uno al otro. José Miguel se quedó sin habla. Lo que tenía delante era un hombre extremadamente apuesto y elegante. Un hombre de tal distinción, como sólo los había visto en el cine o la televisión. Uno de esos hombres que aparecían piloteando sus propios yates, aviones o automóviles deportivos. Uno de esos hombres que se bronceaban en las más hermosas playas de Punta Cana y Bavaro, cenaban en los restaurantes más exclusivos y jugaban golf en los lugares más exóticos del país. Debía tener unos treinta y cinco años y una estatura de un metro ochenta y seis. Era esbelto y se movía pausadamente, con los lentos y elegantes movimientos de un felino. Llevaba un traje finísimo, un diseño exclusivo hecho especialmente para calzar perfectamente en su bien proporcionado cuerpo. José Miguel observó la corbata de seda, el reloj de platino, los zapatos, el cinturón, la camisa y calculó, que hubiese necesitado de su salario de tres años en el supermercado donde había trabajado hasta hace poco, para poder comprar lo que ese hombre llevaba puesto. Era rubio, y bajo esas doradas cejas, unos penetrantes ojos marrones, fríos como el acero, lo miraban fijamente. José Miguel no pudo resistir la fuerza de esa mirada y bajó los ojos. Al hacerlo pudo notar que la mano derecha de Adonis estaba cubierta por un guante de cuero negro. Adonis caminó lentamente alrededor de José Miguel, como una fiera cercando a su presa. De pronto José Miguel sintió que las enormes manos de Adonis se posaban sobre sus nalgas. Se le aflojaron las piernas y un escalofrío le subió por la columna. Adonis deslizó las manos suavemente siguiendo las prominentes curvas de su culo, y José Miguel pudo sentir, simultáneamente, la tersura de la palma de la mano izquierda y la aspereza del guante negro con el que se cubría la mano derecha.

    No calificas para el programa de activos – le susurro Adonis al oído. Pero dadas las excepcionales características de este culo, el jurado de “La Academia”,  estaría dispuesto a considerarte para el programa de los pasivos. ¿Aceptas?.

    José Miguel no supo que decir. Nunca se había imaginado como un bugarron pasivo, más aún, nunca nadie se lo había metido. ¿Y si no le gustaba? Pero tampoco tenía muchas alternativas. Ya no le quedaba dinero, se había gastado todos sus ahorros en viajar hasta la Academia. Sólo le quedaban dos alternativas, aceptar postular al programa de pasivos o salir a mendigar por las calles de la cuidad.

    Acepto – dijo.

    Bien – dijo sonriendo Adonis.

    José Miguel sintió que la mano izquierda de Adonis dejaba de acariciarle el culo y se posaba sobre sus labios.

    Abre la boca – le dijo.

    José Miguel lo hizo, y sintió como Adonis introducía un par de sus dedos y le revisaba las muelas y los dientes. Al verse examinado como si fuese un animal se puso muy caliente. El guebo se le volvió a parar. Adonis lo notó y sonrió. José Miguel le lamió los dedos.

    Estado de la cavidad bucal: “A-1” – dijo Adonis.

    Alguien volvió a teclear en la computadora.

    Adonis sacó los dedos de la boca de José Miguel y los frotó en su mentón y en sus mejillas para limpiarlos de saliva. A José Miguel el guebo se le puso aún más duro. Adonis le volvió a poner la mano en el culo y la deslizó hasta la misma raja. Buscó con uno de sus dedos hasta que encontró el orificio. Presionó un poco tratando de penetrarlo.

    Grado de estrechez del orificio anal: “A- 1” – dijo nuevamente.

    Empujó el dedo un poco más adentro y José Miguel dio un respingo. El guebo le saltó como un resorte. Adonis volvió a sonreír.

    Capacidad de reacción del pene ante estímulo anal: “A-1”.

    Adonis metió el dedo un poco más. José Miguel sintió que todas las venas y arterias de su cuerpo bombeaban sangre hacia su guebo. Adonis se la rodeó con la mano enguantada y la presionó ligeramente.

    Grado de dureza del pene ante el estímulo anal: “A-1”. Volvió a decir Adonis.

    Los asistentes lanzaron un silbido de admiración.

    ¡Silencio! – rugió Adonis.

    Se hizo un silencio absoluto. Adonis le puso el dedo índice de la mano enguantada sobre el glande. José Miguel sintió la textura del cuero y la presión del dedo de Adonis empujándole el guebo hacia abajo y, al mismo tiempo, el dedo que tenía metido en el orificio del culo girando a ciento ochenta grados. De pronto Adonis retiró los dos dedos al mismo tiempo y el guebo de José Miguel saltó, estrellándose durísimo contra su propio vientre.

    Angulo de erección del pene ante el estímulo anal: “A-1”. Dijo Adonis.

    El guebo de José Miguel estaba goteando líquido pre seminal. Adonis chasqueó los dedos, e inmediatamente un asistente se acercó con una pequeña toalla y le limpió cuidadosamente el glande.

    Has dado una buena Prueba de Presencia – dijo Adonis, vamos a ver ahora como te va con la Entrevista Personal.

    José Miguel respiró hondo y trató de relajarse. Adonis volvió a caminar alrededor suyo recorriéndolo con la mirada.

    Ahora quiero que te imagines que eres un bugarron que está trabajando en un burdel de una gran ciudad – le dijo. Quiero que tu manera de caminar y tus movimientos les digan a todos esos potenciales clientes que están examinando la mercancía, que eres un bugarron pasivo y que estas hambriento por tener un guebo en el culo.

    José Miguel se quedó paralizado. Nunca antes había hecho eso.

    ¡Muévete! ¡Quiero ver cómo te vendes!

    Lentamente José Miguel comenzó a caminar. El reflector lo siguió.

    Así no convences a nadie – le dijo Adonis. Tú tienes que ser el primero en sentir que necesitas un macho que te singue. Solo cuando tú lo sientas, vas a lograr que tus clientes también lo sientan. Se le acercó nuevamente y le metió la mano en la raja del culo. Tienes que poner toda tu concentración aquí, le dijo. ¡Vamos demuéstrame que eres una perra!

    De pronto José Miguel notó que la mirada de Adonis estaba cargada de deseo. Lo turbó el sentirse deseado por un hombre tan bello y poderos, pero al mismo tiempo, se dio cuenta que, al ser deseado de esa manera, él también adquiría algo de poder sobre Adonis.

    Le gustó esa sensación y quiso provocarlo aún más. Quiso que Adonis no pudiese resistir la tentación de cogérselo en ese mismo instante y lugar. Comenzó a caminar lentamente dejando que sus nalgas se moviesen rítmica y provocativamente. Se acarició el vientre con una y el culo con la otra. Miró a Adonis directamente a los ojos y se pasó la lengua por los labios. Se le acercó un poco más y esta vez fue José Miguel, quien caminó alrededor de Adonis. Pudo sentir su respiración entrecortada y el gran control que estaba ejerciendo sobre su cuerpo, para no saltarle encima como un macho en celo. José Miguel sonrió. Estaba disfrutando con el poder que empezaba a sentir. Se llevó un dedo a la boca y lo introdujo en ella, lo humedeció con la lengua y luego se acarició las tetillas con él.

    Adonis frotó con nerviosismo la palma de su mano izquierda sobre el puño enguantado de su mano derecha. José Miguel cerró los ojos, y trató de imaginar cómo se sentiría el guebo de Adonis rompiéndole el culo. Se inclinó y se buscó el orificio con el dedo todavía húmedo de saliva. Poco a poco lo comenzó a meter. Le gustó lo que sintió. Se metió otro dedo. Le dolió, pero no le importó pues más placer le daba el saber que Adonis lo miraba ardiendo de deseo. José Miguel también estaba ardiendo de deseo. Nunca antes se había sentido así. Necesitaba desesperadamente sentir el guebo de Adonis rompiéndole el culo. Se metió un tercer dedo y lanzó un grito de dolor. Se imaginó que sus dedos eran el guebo de Adonis. Empezó a moverlos rítmicamente y se sintió como una perra de verdad. Comenzó a gemir. Aceleró los movimientos y sus gritos de dolor se mezclaron con sus gemidos de placer. Estaba desesperado por saber cómo se sentiría al ser follado por un guebo de verdad. Trató de meterse un cuarto dedo.

    ¡Basta! – bramó Adonis.

    Estaba cubierto de sudor y respiraba agitadamente. Sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo pasó por el rostro. José Miguel se sacó lentamente la mano del culo y enderezó el cuerpo. Escuchó el sonido de los otros miembros del jurado acomodándose en sus asientos. Adonis respiró hondamente.

    Es suficiente – dijo ya más calmado.

    José Miguel vio como algunos de los asistentes se llevaban las manos a los paquetes tratando de acomodar sus erecciones. Adonis lo miró directamente a los ojos. Había recuperado el control y su mirada fría y calculadora, era el reflejo del poder que volvía a emanar de todo su cuerpo. José Miguel trató de sostenerle la mirada, pero no pudo. Bajó los ojos con sumisión, pero inmediatamente sintió que la mano enguantada de Adonis lo cogía del mentón y le levantaba la cabeza obligando a mirarlo nuevamente a los ojos.

    ¡El número 34 ha sido aceptado! – dijo en voz alta Adonis. ¡A partir de este momento es un alumno más de la Academia de Prostitución Gay!.

    José Miguel escuchó murmullos de aprobación alrededor suyo.

    ¡Prepárenlo para la Fiesta del Bautizo! – ordenó Adonis.

     

    Continuará…

     

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